QUE FUERTE SABER QUE TODO JUICIO ES UN AUTOJUICIO
Así es, cada juicio es una confesión del alma, qué habla más de quién juzga, que de quien es juzgado…
Cuando juzgamos a alguien, en realidad no estamos describiendo al otro, sino estamos revelando algo de nosotros mismos…
Cada juicio es una confesión de nosotros mismos en voz alta, que muestra nuestras heridas no sanadas, nuestras creencias ocultas o las partes de nosotros que aún no hemos abrazado con amor…
Lo que señalamos fuera, es un reflejo de lo que todavía necesitamos mirar dentro…
Por eso, en lugar de culpar o criticar, podemos detenernos y preguntarnos ¿Qué parte de mí está pidiendo comprensión, aceptación o perdón?…
Al hacerlo, el juicio se transforma en luz y la proyección en sabiduría…
Entonces comprendemos que nadie nos hiere realmente, solo nos muestran el camino hacia nuestra propia sanación…
Porque cada juicio es una parte nuestra, que aún pide luz…