LO QUE NO ACEPTAS TE DOMINA
Todo aquello que niegas sigue viviendo en ti, escondido, esperando ser mirado…
El alma no puede sanar lo que la mente rechaza…
Cada emoción no expresada se convierte en tu sombra, no desaparece, se transforma en una energía silenciosa que condiciona tus pensamientos, tus decisiones y tus relaciones…
Aceptar es liberar, es mirar tu oscuridad sin miedo y decirle: “Te reconozco, pero ya no te temo”. Solo entonces la sombra se transforma en sabiduría…
Cuando bloqueas lo que sientes, más fuerza tiene; la aceptación en cambio, es rendirte al aprendizaje que hay detrás del dolor…
El alma no busca perfección, busca integrar cada error, cada herida, cada miedo, aceptar tu fragilidad y recordar que eres divino, pasando por una experiencia humana de sanación…
El primer paso hacia la libertad es aceptar lo que no entiendes sin juicios, amar lo que eres, y sostener tus luces y sombras sin huir de ninguna al entender que tu alma no vino a ser perfecta, sino a completarse…
Hay heridas que necesitan ser reconocidas, porque lo que se abraza deja de doler; la aceptación es un acto de ternura hacia ti mismo, porque lo que aceptas, te libera y lo que resistes, persiste…
Y cuando por fin te permites ser todo lo que eres, algo dentro de ti descansa, es entonces que el alma suspira y dice: “Por fin me ves”…
Y en esa mirada nace una paz profunda, la que solo aparece cuando dejas de luchar contra ti mismo…