APRENDER A AMAR LA SOLEDAD
Es aprender a estar contigo de una manera tan plena, tan compasiva, tan verdadera, que tu propia presencia se vuelve un refugio…
La soledad no es ausencia, no es abandono, no es desamparo. Es espacio, es un silencio fértil, donde la vida te habla sin intermediarios y le dice a tu alma, eres mi compañía más valiosa…
En la soledad aparecen emociones que en el ruido no se dejan sentir, y se vuelve muy dulce cuando descubres que dentro de ti, está tu niña pidiendo protección, tú adolescente que quiere ser vista, tú adulta que sostiene, tu alma que observa con amor y qué cuando la escuchas, nunca más estás sola, porque estás acompañado por ti mismo…
Conecta con la soledad con propósito, en ese espacio donde nace la intuición, la claridad, la creación, las decisiones que cambian el rumbo, el lugar donde tu alma te guía y empieza a nutrirte…
Convierte la soledad en elección no en destino, elígela como un espacio para amarte y dejar de necesitar la presencia de otros, en una sociedad que le pone parches al vacío que sentimos, pero es ese sentir malestar el que va a generar el verdadero despertar…
Si tienes la sensibilidad para amar la soledad tienes un mundo interno riquísimo, profundo, lleno de intuición y belleza, donde la soledad te está invitando a entrar a tu templo, para disfrutar tu propia compañía y convertirla en un espacio de paz y plenitud…
No es lo mismo “estar solo” que “sentirse solo”, porque solos estamos todos, pero vivimos bajo la ilusión de que estamos acompañados por la pareja, los hijos, los amigos, etc., pero en realidad estamos solos…
Podemos vivir solos y no sentirnos solos, o estar acompañados y sentirnos tremendamente solos…
Siéntate cada mañana dos minutos con la mano en el corazón y dite “aquí estoy contigo, no te dejo, me elijo porque mi presencia es suficiente”…