NO DEJÉ DE QUERERTE, APRENDÍ A QUERERME

He aprendido a decir “me quiero” antes de decirte “te quiero”, porque decir me quiero no es un acto de orgullo, sino de amor propio; no es un acto de egoísmo, sino de fortaleza…

El amor propio me permite establecer una barrera de protección, donde puedo prestarle atención a mi bienestar y a mis necesidades y me permite decirme me quiero, porque estoy emocionalmente centrada y me siento orgullosa de lo que soy y de lo que me define…

Con una buena autoestima soy capaz de saber escucharte, de entender qué te hace bien y qué es lo que deberías evitar, para no caer en el abismo de la dependencia y el sufrimiento…

Así, con una buena autoestima no necesito aprobación externa, ni que nadie me diga lo que debo hacer para ser feliz; no me dejo llevar ni pongo en manos de los demás mi capacidad de ser feliz, porque siempre recuerdo que la felicidad es una elección que parte de mí mismo…

Para llegar a ser capaz de cambiarlo todo desde dentro, sé que lo primero que debo hacer es aprender a mantener la calma, esa paz interior que me permite soltarlo todo…

La paz interior me devuelve a mi centro, me aleja del caos y me recuerda que todo es perfecto tal y como es, porque Todo está gobernado por una Inteligencia Superior que es Amor y Bien…

Con la alegría me reconecto con la ligereza, con el placer de estar vivo, con lo simple y con lo verdadero…

Con el perdón hacia mí mismo y hacia los demás me libero del peso del pasado, de la culpa y del autoabandono…

Con la gratitud cambio mi frecuencia por completo, me enfoco en lo que tengo y al agradecerlo se multiplica…

Con el amor propio abro el portal de todos los milagros, porque cuando me priorizo, todo en mi vida se alinea…

Vibrar en estas energías es una fuerza imparable, pero no es algo que se compre, ni que se busque afuera; es algo que se cultiva desde dentro y qué cuando lo hacemos, nuestra vida entera empieza a reflejar afuera, lo que somos por dentro…