ELLA NO SABÍA DECIR «NO»

Ella no sabía decir NO, siempre estaba lista para resolver los problemas de todos; siempre, aunque doliera mucho; siempre, a pesar del cansancio…

Siempre estaba postergándose infinitamente y el cuerpo no pudo sostener más ese camino…

Aparecieron múltiples enfermedades que no respondían al tratamiento médico; porque no eran bacterias, ni el metabolismo, ni los virus…

Era el estrés, la frustración, la angustia, pero nadie se dio cuenta, porque todos pensaban que ella siempre podía, que era la más fuerte, que no necesitaba a nadie…

En esa soledad de abrazos que nunca llegaban, de una calma no permitida, de una demanda que nunca cesaba, de lágrimas que nunca notaron, ella tocó fondo…

Pasó a ser la loca que tenía crisis injustificadas, la que todos mandaban al psiquiatra…

Y en ese fondo de angustia e impotencia, pudo por fin darse cuenta qué cuando no hay otros brazos, ella podía abrazarse sola…

Darse cuenta que el tiempo no tienen que dárselo, que ella misma tiene que tomarlo…

Darse cuenta que ya no sirve esperar que el otro haga lo que ella haría, porque es otro…

Darse cuenta que los NO son necesarios…

La abnegación nos dicen que es una virtud moral, pero nada tiene que ver con la salud mental cuándo es sacrificio…

El sacrificio constante duele, enferma; porque cuando das la vida por otro, la pierdes…

Es como un suicidio silencioso en cámara lenta, es morirse un poco todos los días…

Primero es el sacrificio, luego el dolor, luego la enfermedad y finalmente el suicidio, la muerte…

Este no es el camino, ni debe serlo; de este camino sólo se sale AMÁNDOSE…