Cuando la gente se aleja de ti, déjalos ir, no te aferres, no trates de forzar lo que ya no tiene sentido, no intentes retener a quien ya eligió otro rumbo…
La vida es un constante flujo de idas y venidas, y aprender a soltar es una de las lecciones más difíciles, pero también más liberadoras…
No significa que esas personas sean malas, ni que tú hayas fallado, simplemente su papel en tu historia llegó a su fin…
En la vida algunas personas aparecen para enseñarnos algo, para acompañarnos en un tramo, para mostrarnos un reflejo de lo que necesitamos aprender de nosotros mismos y después, el ciclo se cierra…
A veces duele, porque quisiéramos que todo lo que amamos fuese eterno, pero nada en esta vida lo es…
Los vínculos cambian, se transforman, algunos se desvanecen, y eso también es parte de crecer…
Resistirse a esa verdad solo genera sufrimiento, en cambio, aceptar que hubo un tiempo compartido, que hubo sonrisas, aprendizajes y momentos que quedarán en la memoria, nos permite agradecer en vez de resentirnos…
Cuando alguien se va, deja espacio para que lleguen nuevas personas, nuevas experiencias, nuevas etapas…
Nadie se va de tu vida sin antes haberte dado una enseñanza, aunque al principio no la comprendas…
Quizás te mostraron lo que quieres, o lo que no quieres; quizás te enseñaron fortaleza, paciencia o desapego, y eso, aunque duela, también es un regalo…
Así que no te castigues ni te culpes, deja ir con paz, con gratitud, con la certeza de que cada quien cumple un propósito en nuestra historia…
Algunas personas se quedarán para siempre, otras solo de paso, pero todas han contribuido a lo que hoy eres…
Cuando aprendes a dejar ir con amor, la vida siempre te devuelve algo mejor…